La presa de Valdecaballeros: Un dilema de legado, economía y medio ambiente

Situada en el municipio de Valdecaballeros, en la provincia de Badajoz, la presa que lleva su nombre fue construida en 1984 con un propósito claro: refrigerar la central nuclear proyectada en la misma localidad. Sin embargo, este ambicioso proyecto nunca se concretó. La moratoria nuclear impulsada en los años 80 bajo el gobierno de Felipe González paralizó la construcción de la central y dejó a la presa como una infraestructura sin propósito, que, más de cuatro décadas después, se enfrenta a un nuevo y complicado dilema: su demolición.

Una presa sin función

La presa de Valdecaballeros, de 36 metros de altura y con capacidad para almacenar 71 hectómetros cúbicos de agua, se ideó para dar soporte a la central nuclear de Valdecaballeros, una central que jamás fue concluida debido a la moratoria nuclear de 1983. Desde entonces, la presa ha permanecido inactiva, sin cumplir con ninguna función relevante, mientras el gobierno español y las autoridades regionales han tenido que gestionar su mantenimiento a lo largo de los años. El proyecto fue abandonado, y con él, su utilidad.

Sin embargo, la historia de la presa no terminó en 1984. A pesar de que el plan original quedó frustrado, las eléctricas Endesa e Iberdrola se encargaron del mantenimiento de la infraestructura durante años, debido a que la concesión para el uso del agua fue entregada a estas compañías. No obstante, en 2021, ambas empresas renunciaron a la concesión del agua, lo que generó un nuevo punto de inflexión: el gobierno español, a través de la Dirección General del Agua, resolvió que la infraestructura debía ser demolida debido a la extinción de la concesión y la necesidad de restaurar el dominio público hidráulico.

La postura de los implicados: Gobierno, Junta y empresas eléctricas

El anuncio de la demolición de la presa en marzo de 2023 ha generado un gran revuelo político y social. El Ministerio para la Transición Ecológica, que depende del gobierno central, argumenta que, al quedar la concesión de uso del agua caducada, corresponde proceder con la demolición de la presa como parte de la restitución del dominio público hidráulico. De acuerdo con la legislación vigente, las infraestructuras abandonadas y sin función deben ser desmanteladas, especialmente por razones de seguridad.

Sin embargo, este plan ha sido rechazado por la Junta de Extremadura, que ve la demolición como una decisión precipitada y con posibles repercusiones en el abastecimiento de agua de los municipios cercanos, como Valdecaballeros y Castilblanco, que dependen del embalse para su suministro. La Junta también sostiene que no se ha realizado un análisis ambiental exhaustivo de la posible demolición y que existen alternativas para gestionar el embalse de manera sostenible.

Las empresas eléctricas, por su parte, también se han opuesto a la demolición. Endesa e Iberdrola han argumentado que no tienen ninguna responsabilidad en la destrucción de la presa, ya que nunca obtuvieron beneficios económicos de la concesión, y que el gobierno debe asumir el coste de la demolición. Además, cuestionan la legalidad de la medida, ya que no existía ninguna cláusula en el acuerdo inicial que les obligara a asumir los costos de desmantelamiento.

Alternativas a la demolición

En medio del debate, algunos expertos y grupos ecologistas señalan que, aunque la presa de Valdecaballeros no cumple con su función original, podría mantenerse y usarse para otros fines. Por ejemplo, el embalse podría ser aprovechado para la conservación del medio ambiente, sirviendo de hábitat para diversas especies de flora y fauna, incluyendo algunas en peligro de extinción. Además, la presa podría ofrecer beneficios para la agricultura y el ganado en la zona, como ha señalado el alcalde de Valdecaballeros, Gregorio Rodríguez.

Por otro lado, existen alternativas para garantizar el abastecimiento de agua a los municipios circundantes sin necesidad de conservar la presa. La Confederación Hidrográfica del Guadiana ha señalado que el embalse de García de Sola, ubicado a solo unos pocos kilómetros, podría suplir las necesidades de agua de la región sin que se necesite mantener el embalse de Valdecaballeros.

¿Demolición o restauración?

El dilema que enfrenta la presa de Valdecaballeros no es solo una cuestión técnica o legal, sino también política. En un contexto de sequía prolongada en España, la gestión del agua se ha convertido en un tema de máxima importancia, lo que ha añadido un componente de urgencia a la controversia. Además, con las próximas elecciones locales en el horizonte, las posturas adoptadas por los diferentes actores tienen implicaciones directas en la opinión pública y la percepción de los ciudadanos.

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha expresado que se está estudiando la posibilidad de reconsiderar la decisión de demolición si la Junta de Extremadura puede justificar un uso razonable para la presa. Mientras tanto, los debates sobre los costos, la viabilidad ambiental y las necesidades del abastecimiento continúan.

Un futuro incierto

Lo que parece claro es que la presa de Valdecaballeros, construida hace más de 40 años con un propósito que nunca llegó a materializarse, ahora se enfrenta a un futuro incierto. El futuro de esta infraestructura sigue siendo un tema de debate político, económico y ambiental, y su resolución no está exenta de complejidades. Sin embargo, lo que no se puede ignorar es que su demolición, si se lleva a cabo, no será solo una cuestión de legalidad y coste, sino también de encontrar el equilibrio entre la conservación del medio ambiente, el uso eficiente de los recursos hídricos y las necesidades de las comunidades que dependen de su agua.

La historia de la presa de Valdecaballeros es un reflejo de las contradicciones y desafíos de la gestión de infraestructuras obsoletas en un país que aún se enfrenta a los retos de un pasado energético que no termina de dejar atrás. La solución, más que un simple derribo, debería ser un proceso reflexivo que contemple todos los aspectos involucrados: la seguridad, el medio ambiente, las necesidades de las comunidades y, por supuesto, las leyes que rigen el patrimonio público.

FUENTES: newtral y Xataka

  • Maria Izquierdo

    Maria Izquierdo

    Soy María Izquierdo, profesional junior en comunicación digital. Creo y gestiono contenido para redes y medios online, combinando copywriting, narrativa visual y edición básica. Con formación en comunicación audiovisual y un máster en contenidos digitales, me motiva el storytelling y conectar con audiencias jóvenes a través de contenido creativo.

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El dispositivo arrancaba a las 9:00 horas y se ha extendido toda la jornada, con el objetivo de aprovechar al máximo las horas de luz. Sin embargo, ha finalizado sin éxito. Por lo tanto, la búsqueda se retomará este domingo a la misma hora, con previsión de finalizar sobre las 17:00 horas.

En total, participan unas 40 personas en el operativo, llegadas desde distintos puntos del país como Granada, Valencia, Valladolid, Segovia, Badajoz o Cáceres, coordinadas por la Asociación de Guardias Civiles Solidarios y la Unidad de Salvamento y Rescate.

El director del operativo, José Cabrera, explica que la batida se centrará en la zona cercana al último punto donde una cámara de seguridad captó a José Antonio, en las inmediaciones de un hotel. “Iremos avanzando poco a poco por la zona donde apareció el mechero y hacia el pueblo siguiente. El mechero se encontró en un cruce de caminos y está pendiente de analizar restos biológicos, por lo que batiremos especialmente ese entorno”, detalla.



Drones y perros de búsqueda

El despliegue combina tecnología y equipos especializados. Hay un grupo a pie, dos equipos de drones que realizarán levantamientos fotográficos del terreno, tres perros de búsqueda entrenados tanto en la localización de personas vivas como de cadáveres y restos óseos, y cuatro personas con detectores de metales, para rastrear posibles objetos personales como llaves, cartera o teléfono móvil.

El piloto de dron Alfonso Blanco, llegado desde Valladolid, explica que su trabajo consiste en “hacer diferentes fotografías que luego se unen con un software para crear una panorámica detallada del terreno”, apoyando así a la unidad canina desplazada desde Cuéllar (Segovia). Por su parte, Albano Quintanilla, guía canino, señala que “el trabajo de los perros se basa en el olor, tenemos olores de referencia y nuestra misión es descartar zonas”.



El uso de la tecnología móvil es otro de los pilares del operativo. Todos los participantes llevan aplicaciones en sus teléfonos que permiten registrar los recorridos realizados, los llamados “tracks”, para saber con exactitud qué zonas han sido ya peinadas. La vicepresidenta de la asociación Subiendo Montañas, Alejandra Nora Puchi López, se encarga de coordinar desde el puesto de mando la logística, los avituallamientos aportados por el Ayuntamiento de Jarandilla y el control de esos recorridos. “Es fundamental para seguir descartando zonas”, subraya.

Entre los voluntarios se respira un fuerte componente emocional. Alfredo Fernández Vázquez reconoce que siente la obligación moral de participar. “Esa fotografía se me ha quedado en la cabeza y hay que buscar a José Antonio como sea”, afirma. Desde Granada ha llegado Jaime Miguel Ávila Aguilar, que trabaja con detector de metales para localizar posibles pistas que ayuden a reconstruir el recorrido del desaparecido.

«Es una pesadilla»

La familia sigue muy pendiente del operativo. María Domínguez Asensio, sobrina de José Antonio, explica que el objetivo es “encontrar cualquier rastro o pista” y reconoce que “si lo encontramos a él, sería maravilloso”. Agradece la implicación de voluntarios, Guardia Civil y Cruz Roja, pero admite que “es una pesadilla vivir esto”.



José Antonio desapareció mientras disfrutaba de unos días de vacaciones con un grupo de su centro. Desde aquella noche apenas un par de imágenes lo sitúan saliendo del pueblo, y desde entonces no se ha sabido nada más de él. Es sordo, emite sonidos pero no puede vocalizar con normalidad, por lo que no responde a llamadas. Aunque es una persona ágil, su edad, 74 años, preocupa a la familia.

Mide 1,68 metros y, en el momento de su desaparición, vestía vaqueros oscuros, camiseta o jersey de rayas azul marino, chaqueta de chándal roja con cremallera, chaleco grisáceo, gorra vaquera y zapatillas deportivas. La mayoría de sus sobrinos se encuentran estos días en Jarandilla participando activamente en la búsqueda, con la esperanza de que esta batida técnica marque un punto de inflexión.
. El título no debe incluir ningún código HTML o etiquetas como . Asegúrate de que tenga menos de 100 caracteres y no termine con un punto. No inventes.[/gpt3]

    [gpt3]Redacta una versión modificada de Arranca la temporada de comuniones en Extremadura: el valor religioso perdura, pero la celebración pasa a ser una gran fiesta en español, respetando el contexto de Con la Semana Santa ya atrás y en plena primavera, comienza en Extremadura la temporada de comuniones, una de las citas más señaladas para miles de familias. Unas celebraciones que, aunque han evolucionado con el paso del tiempo, siguen manteniendo su carácter simbólico, religioso y familiar, y que se concentran principalmente entre los meses de abril y mayo, aunque en algunos casos se prolongan hasta junio. Los días previos están marcados por los nervios, la alegría y la emoción, especialmente para los niños y niñas, que suelen tener entre 9 y 10 años y llevan meses preparándose para este momento. Así se ha vivido, por ejemplo, en el colegio de las Escolapias de Mérida, donde las familias se reúnen para inmortalizar un día muy especial con fotografías y abrazos antes de dirigirse a la iglesia. Recibir el cuerpo de Cristo El momento central de la jornada se vive durante la Primera Comunión, uno de los sacramentos más importantes de la Iglesia Católica, en el que los menores reciben por primera vez la Eucaristía. Un acto cargado de simbolismo, donde se mezclan los nervios iniciales con la emoción de los protagonistas. “Me siento muy feliz”, “es un día muy especial” o “lo más importante es recibir el cuerpo de Cristo” son algunas de las sensaciones que expresan los pequeños antes y después de la ceremonia. Y después…la gran fiesta Tras el paso por la iglesia, la celebración continúa en restaurantes y salones, donde familias y amistades comparten mesa en un ambiente festivo. Y ya, en general, poco tienen que ver con las celebraciones sencillas de antes. El momento del banquete ha evolucionado en los últimos años hasta convertirse en grandes fiestas que hay que preparar con mucha antelación. El encuentro se acompaña cada vez de más detalles pensados especialmente para los más pequeños, como animación infantil, castillos hinchables, mesas dulces o zonas de juegos. A todo ello se suma la preparación previa, que incluye la elección de vestidos y trajes, uno de los elementos más destacados de estas celebraciones, así como los reportajes fotográficos, que buscan conservar el recuerdo de una jornada irrepetible. Para muchas familias supone un importante esfuerzo, pero también una inversión cargada de ilusión. 4.100 euros de gasto medio El gasto medio para 30 invitados, según la OCU, supera los 4.100 euros, casi un 25% más que el año pasado. El mayor desembolso es el banquete, con menús entre 45 y 105 euros por persona. Y vestidos y trajes suman otra parte importante: en el caso de las niñas la media es de 600 euros, aunque puede superar los 900.  Y en los niños, la media es de 280 o 450. A esto se suman extras, como las fotografías y las mesas dulces. Más allá de los cambios en la forma de celebrarlo, las comuniones siguen siendo un día de tradición, convivencia y memoria compartida, centrado en reunir a la familia y celebrar un hito importante en la vida de los niños y niñas. Unos recuerdos que, como coinciden muchos padres y madres, permanecen para toda la vida. . El título no debe incluir ningún código HTML o etiquetas como . Asegúrate de que tenga menos de 100 caracteres y no termine con un punto. No inventes.[/gpt3]

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Con la Semana Santa ya atrás y en plena primavera, comienza en Extremadura la temporada de comuniones, una de las citas más señaladas para miles de familias. Unas celebraciones que, aunque han evolucionado con el paso del tiempo, siguen manteniendo su carácter simbólico, religioso y familiar, y que se concentran principalmente entre los meses de abril y mayo, aunque en algunos casos se prolongan hasta junio.

Los días previos están marcados por los nervios, la alegría y la emoción, especialmente para los niños y niñas, que suelen tener entre 9 y 10 años y llevan meses preparándose para este momento. Así se ha vivido, por ejemplo, en el colegio de las Escolapias de Mérida, donde las familias se reúnen para inmortalizar un día muy especial con fotografías y abrazos antes de dirigirse a la iglesia.

Recibir el cuerpo de Cristo

El momento central de la jornada se vive durante la Primera Comunión, uno de los sacramentos más importantes de la Iglesia Católica, en el que los menores reciben por primera vez la Eucaristía. Un acto cargado de simbolismo, donde se mezclan los nervios iniciales con la emoción de los protagonistas. “Me siento muy feliz”, “es un día muy especial” o “lo más importante es recibir el cuerpo de Cristo” son algunas de las sensaciones que expresan los pequeños antes y después de la ceremonia.



Y después…la gran fiesta

Tras el paso por la iglesia, la celebración continúa en restaurantes y salones, donde familias y amistades comparten mesa en un ambiente festivo. Y ya, en general, poco tienen que ver con las celebraciones sencillas de antes. El momento del banquete ha evolucionado en los últimos años hasta convertirse en grandes fiestas que hay que preparar con mucha antelación. El encuentro se acompaña cada vez de más detalles pensados especialmente para los más pequeños, como animación infantil, castillos hinchables, mesas dulces o zonas de juegos.







A todo ello se suma la preparación previa, que incluye la elección de vestidos y trajes, uno de los elementos más destacados de estas celebraciones, así como los reportajes fotográficos, que buscan conservar el recuerdo de una jornada irrepetible. Para muchas familias supone un importante esfuerzo, pero también una inversión cargada de ilusión.

4.100 euros de gasto medio

El gasto medio para 30 invitados, según la OCU, supera los 4.100 euros, casi un 25% más que el año pasado. El mayor desembolso es el banquete, con menús entre 45 y 105 euros por persona. Y vestidos y trajes suman otra parte importante: en el caso de las niñas la media es de 600 euros, aunque puede superar los 900.  Y en los niños, la media es de 280 o 450. A esto se suman extras, como las fotografías y las mesas dulces.

Más allá de los cambios en la forma de celebrarlo, las comuniones siguen siendo un día de tradición, convivencia y memoria compartida, centrado en reunir a la familia y celebrar un hito importante en la vida de los niños y niñas. Unos recuerdos que, como coinciden muchos padres y madres, permanecen para toda la vida.
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