El constante desarrollo tecnológico ha desencadenado una competencia internacional por el control de los minerales esenciales utilizados en la fabricación de dispositivos como teléfonos móviles o coches eléctricos. En medio de esta lucha por el control de los recursos, la Unión Europea ha puesto sus ojos en España, un país con un importante potencial geológico y con proyectos en Extremadura.
España ha sido tradicionalmente rico en materias primas fundamentales que han tenido un papel clave en la industria extractiva, generando alrededor de 3.500 millones de euros en facturación anual, según datos del Miteco. En la actualidad, el foco está puesto en la zona oeste del país, en el Macizo Varisco, una franja minera que se extiende desde el norte de Galicia hasta el sur de Andalucía. Aunque los minerales con propiedades magnéticas y electrónicas únicas son escasos en esta región.
Expertos como Joaquín Delgado, profesor de Cristalografía, Mineralogía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla, señalan que la exploración y explotación de estos minerales es complicada debido a sus bajas concentraciones en la superficie terrestre. Esto ha llevado a que exista un número limitado de yacimientos explotables en el mundo, conocidos como tierras raras (REE) y minerales críticos.
La Comisión Europea es consciente de la importancia estratégica de estos recursos, ya que Europa depende en gran medida de la extracción y producción externa de minerales. Por ejemplo, el 97% del magnesio consumido en la UE proviene de China y el 98% del borato de Turquía. Esta dependencia coloca a la región en una posición delicada ante posibles interrupciones en el suministro.
En este escenario, España destaca como un punto de interés en la carrera por los minerales. El país posee el 15% de las reservas mundiales de estroncio, es el único productor europeo y el segundo mayor productor de cobre en Europa. Además, se han identificado 20 de las 34 materias primas fundamentales en la Península Ibérica, de las cuales 17 se consideran estratégicas.
Para aprovechar este potencial, el Gobierno español aprobó en marzo el Programa Nacional de Exploración Minera (PNEM) 2026-2030, con una inversión de 182 millones de euros. Este programa tiene como objetivo conocer y explotar los recursos minerales del país, con miras a que el hidrógeno y los minerales representen el 80% del valor del comercio internacional de la energía en 2050.
Además, Bruselas ha identificado 47 proyectos de obtención de materias primas, de los cuales siete se encuentran en España. La meta es que para 2030, la extracción, procesado y reciclado cubran el 10%, 40% y 25% de la demanda interior respectivamente.
A pesar de estos avances, la ciudadanía muestra un profundo recelo ambiental hacia la minería, debido a los riesgos contaminantes asociados. Se han formado movimientos vecinales y plataformas como el Observatorio Ibérico de la Minería, que buscan documentar y prevenir malas prácticas en el sector.
En paralelo, surgen iniciativas de reciclaje y restauración de materiales acumulados en balsas y escombreras abandonadas en España, con el objetivo de reducir la dependencia de la explotación de nuevos yacimientos. Aunque estos métodos aún enfrentan desafíos técnicos para volverse rentables a gran escala.
En conclusión, España se encuentra en una posición estratégica en la carrera por los minerales en Europa, con un potencial significativo en la extracción de materias primas fundamentales y estratégicas. Sin embargo, es crucial abordar los desafíos ambientales y técnicos asociados a la minería para garantizar un desarrollo sostenible en el sector.
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