Finalmente, este año se sembraron 20,000 hectáreas con tomates en Extremadura, lo que representa un 20% menos que el año pasado.
Las lluvias de primavera obligaron a comenzar la campaña y es probable que la cosecha no empiece a principios de agosto, unos diez días después de lo habitual.
Las altas temperaturas actuales están afectando la floración de la planta y podrían disminuir su producción. A pesar de esto, los agricultores mantienen la esperanza de que la campaña sea excepcional en términos de rendimiento, como el año pasado, cuando superaron los 91,000 kilogramos por hectárea.
«No sabemos qué puede suceder, con estas temperaturas que tenemos hoy 40 grados».
En esta campaña, los agricultores recibirán 107 euros por tonelada cosechada, un precio considerado bajo que pone a los agricultores en una situación complicada.
«La industria no paga precios que cubren los costos y cuando llega el momento de la verdad y considera que necesita tomates, porque no lo tiene».
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