Tras años de lucha por parte del movimiento migrante, la regularización extraordinaria ha llegado finalmente, marcando un hito crucial en la dignificación de la vida de miles de personas. Este proceso ha permitido salir de la invisibilidad administrativa y acceder a un contrato laboral legal y a derechos básicos con garantías.
Tania Irías, coordinadora del Movimiento de Mujeres Migrantes, destaca que tener documentación no siempre garantiza condiciones laborales justas. Muchas personas, incluso con situación regularizada, se encuentran con empleadores que no les ofrecen contratos adecuados.
La falta de documentación ha afectado diversos aspectos de la vida diaria, como la dificultad para alquilar una vivienda. Además, esta situación impacta en el futuro de los jóvenes, quienes enfrentan obstáculos para completar su educación formal debido a la falta de un número de identificación.
Aunque la regularización trae consigo beneficios como el acceso a la sanidad universal y ayudas sociales, existen limitaciones importantes, como la imposibilidad de ejercer el derecho al voto para quienes solo cuentan con residencia. Este derecho solo está disponible para quienes poseen la nacionalidad, lo que puede requerir esperar hasta diez años tras la regularización.
Más allá de los aspectos administrativos, la regularización representa un cambio en la percepción y el temor de ser sancionado por el simple hecho de existir. Se busca que historias de mujeres que trabajan como internas en cuidados y evitan salir por miedo a la Policía sean cosa del pasado.
En resumen, la regularización extraordinaria es un paso hacia la normalización de miles de vidas, el reconocimiento de derechos y la integración plena en la comunidad como vecinos y vecinas de pleno derecho.
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